La masacre de Cajamarca, hecho ocurrido el 16 de noviembre de1.532, durante la conquista del Perú , fue una emboscada realizada por el Capitán español Francisco Pizarro contra el Inca Atahualpa.
Los hechos ocurrieron en la Plaza de Armas de la ciudad de Cajamarca, en donde los españoles apresaron al Inca Atahualpa. Ésta acción marcó el inicio de la conquista del Tahuantinsuyo (nombre original del imperio Inca) por parte de los españoles.
España utilizó en este combate un total de 106 soldados, distribuidos entre caballeria, Artillería y arcabuceros. También participó
un número considerable de aborígenes auxiliares, y un grupo de africanos esclavizados.
Por su parte el Inca sólo contaba con un pequeño grupo que se reducia a su comitiva, ya que el grueso de su ejército se encontraba acampando en Pultumarca en las afueras de Cajamarca en un número aproximado de 3000 guerreros.
La emboscada tuvo una duración de 30 minutos aproximadamente. Lo violenta y sorpresiva de la acción, aunado al estruendo que causaban los cañones y arcabuces, y la arremetida de la caballería, convirtió al ejército del Tahuantinsuyo, en una avalancha humana que produjo una estampida mortal.
EL ERROR DEL INCA
Atahualpa había enviado varios emisarios con regalos para los españoles, entre los muchos obsequios había oro, esto aumentó la avaricia de Pizarro quien tenía grandes expectativas de hallar tesoros.
Atahualpa, a diferencia de Moctezuma en México, sabía muy bien que estos hombres no eran representantes de los dioses. Según las crónicas, Atahualpa planeaba reclutar a algunos de los conquistadores para robar armas y caballos. Luego ejecutaría a sus líderes.
Francisco Pizarro encomendó a uno de sus lugarteniente, la misión de ir donde Atahualpa para invitarle a que viniera a cenar con él en Cajamarca. Pizarro fue muy insistente en el sentido de que la invitación debía ser transmitida de manera cortés y pacífica, y que sus guardianes debían ir desarmados como muestra de buena voluntad, y para evitar malentendidos.
Partió el grupo de jinetes, Pizarro, viendo desde lo alto de una de las «torres» de Cajamarca las numerosas tiendas de campaña que conformaban el campamento del Inca, temió que sus hombres pudieran sufrir una emboscada y envió a su hermano Hernando Pizarro con otros veinte hombres de a caballo.
El error fatal fue haber aceptado la "invitación" sin su ejército y desarmado, una vez que Atahualpa se encamina hacia el lugar es recibido por un traductor y el sacerdote Valverde, portando una cruz y un breviario, éste inició el llamado de Requerimiento ordenando a Atahualpa que renunciara a su religión pagana y que aceptara en cambio el catolicismo como su fe y a Carlos I de España como su soberano.
Atahualpa se sintió insultado y confundido por estas demandas de los españoles. Si bien Atahualpa no tenía seguramente intención de acceder a las exigencias de los españoles, según las crónicas de Garcilaso de Vega, el Inca intentó discutir sobre la fe de los españoles y su rey, pero los hombres de Pizarro comenzaron a ponerse impacientes.
En este altercado entre Atahualpa y Valverde, la biblia en la que se debía jurar fidelidad al rey y a la nueva religión, cayó al piso al parecer por un forcejeo entre ambos.
Esto se toma como un irrespeto y se utiliza como escusa para iniciar la aprehensión del Inca, los señores nobles del Tahuantinsuyo se apresuran a colocarse entre la litera de Atahualpa y los españoles, dejando que los infantes los mataran.
Juan Pizarro y los suyos rodean al Señor de Cinchay lo matan en su litera, Francisco Pizarro cabalgó entre ellos hasta donde que había sacado a Atahualpa de la litera. Mientras sucedía esto, otros soldados también alcanzaron la litera y uno de ellos intentó matar a Atahualpa.
Reconociendo el valor del Inca como prisionero, Pizarro se interpuso a tiempo, gritando que «nadie hiera al indio so pena de la vida... »; se dice que en ese forcejeo, el mismo Pizarro sufrió una herida en la mano.
La fuerza principal de Atahualpa al mando de Rumiñahui, que había conservado sus armas pero permanecía "alrededor de un cuarto de legua" fuera de Cajamarca, se dispersó en confusión cuando huyeron de la plaza los sobrevivientes de los que habían acompañado al Inca, derribando los muros de la ciudad.
Los guerreros de Atahualpa eran veteranos de sus recientes campañas contra Huáscar y constituían el núcleo profesional del ejército inca, guerreros experimentados que superaban en número a los españoles en más de 45 a 1 (3.000 a 168).
Sin embargo, el impacto del ataque español, junto con el significado espiritual de perder de un solo golpe al Inca y a la mayoría de sus comandantes, minó aparentemente la moral del ejército, aterrorizando a sus filas e iniciando una derrota masiva. No hay evidencia de que alguna de las principales tropas incas intentara enfrentarse a los españoles en Cajamarca después del éxito de la emboscada inicial.
Como resultado del encuentro, entre 4000 y 5000 personas murieron (entre sirvientes y guardias atahualpistas, junto a terceros que allí se encontraban, como los pobladores de Cajamarca y varios orejones huascaristas enviados con ofrecimientos de parte del Inca cautivo), otros 7000 fueron heridos o capturados.
Según los cronistas, los españoles tuvieron solo un muerto (un esclavo africano) y varios heridos.
La esposa de Atahualpa,(que por entonces tendría 13 a 15 años de edad), estaba con el ejército y acompañó a Atahualpa mientras estuvo prisionero.
El Pago por la Libertad dek Inca
Ya prisionero Atahualpa, y conocedor de la avaricia de los españoles, les ofrece para comprar su libertad a los conquistadores españoles, llenar una habitación de
oro, y dos de plata hasta donde
alcanzara su mano.
Los españoles aceptaron, y lo hicieron el trato por escrito. Pasaron cuatro meses de recolección y acarreo de llamas cargadas del tesoro, proveniente de todos los rincones del Imperio.
Pero a pesar de que la vasta suma se recolectó, Pizarro ordenó la ejecución, para España era más beneficioso que el Inca muriera, y así evitaban una rebelión de sus súbditos. Además que una vez exterminada la nobleza, ellos se harían de todo el oro y la plata del Perú, sin ninguna restricción.
En Principio Atahualpa iba a ser quemado y sus restos esparcidos, pero la ejecución se cambió y fue asesinado con el garrote vil, tras aceptar este ser bautizado. Por lo que su cuerpo pudo ser sepultado según su costumbre.
El tesoro fue fundido y llevado a
España, y es así como se inicia la caída del imperio Inca.
El ceder ante las exigencias del invasor, no es garantía de que este cumplirá lo prometido. Atahualpa fue asesinado y el Perú saqueado, apaciguado y colonizado.
Seguimos sin aprender de la historia, seguimos cometiendo los mismos errores y seguimos siendo colonizados.
Pero, de igual manera seguiremos luchando, y rebelandonos.

















