domingo, 30 de agosto de 2026

Castro y Gómez ¿Qué clase de compadres?




Cuando el General Cipriano Castro, se restablecia de la operación a que se sometió en Europa, decide regresar a Venezuela, entre las causas más evidentes, era la notada falta de suministro para la logística de manutención de él y su familia en el extranjero, y la más apremiante e importante de todas, el giro inesperado que habia tenido el gobierno venezolano al mando del ahora Presidente, Juan Vicente Gómez, su compadre. 

Antes de zarpar, le envió una carta al General Gómez, en la cual le manifestaba sus intenciones de regresar al país, y dirigirse a la nación a través del congreso. 


"Señor General:

Desde la cama donde aún me encuentro por razón de la gran operación que me ha salvado la vida, vengo a dirigirme a usted, en cumplimiento de mi deber ya que de usted no he recibido ni una letra y que las circunstancias así me lo imponen. Es decir, que debo aparecer siendo hoy lo que fui ayer como mañana seré lo que soy hoy.

No tengo para qué saber las razones, motivos o circunstancias que lo hayan impedido a usted a tomar las determinaciones políticas que ha tomado, es de suponer razonablemente hablando y desconociendo en absoluto lo que pasa, que algún fundamento habrá de tener usted para ello y que yo desde luego respeto.

Vengo únicamente, pues a decirle, dadas tales circunstancias, que yo soy el primero en corresponder a esa política que usted desarrolla en aquellos que hasta ayer no más afortunados que yo, hayan logrado reunir bajo una sola bandera, bajo un solo ideal y bajo un solo propósito a todos los círculos políticos y a todos los hombres, inclusive hasta a aquellos que hasta ayer no más fueron nuestros enemigos y que yo nunca pude atraer al seno de la confraternidad y unión de todos los venezolanos.

Mi deber es, pues, y que no puedo secundarlo directamente hacerlo de manera indirecta y en forma enteramente decorosa para mí, adelantándole desde luego que regresaré apenas pueda, para hacer mi manifestación pública al pueblo de Venezuela de mi retiro absoluto del poder y de la vida pública, retirándome al seno del hogar; del retiro y de la soledad a que tanto sabe usted que he aspirado.

Mi manifestación, como dejo dicho la haré al mismo llegar, para que todos sepan que a atenerse respecto a mi línea de conducta y mi renuncia formal a la Presidencia la haré en marzo ante el Congreso de la República que es el que debe conocer de ella.

Con esta línea de conducta creo no solamente facilitar la más rápida y completa realización de su programa de gobierno, expedido por órgano del Ministro del Interior, sino que podrán así ser legalizados todos sus actos, lo que evitará el millón de inconvenientes, pues usted sabe, y lo saben todos mis amigos, que yo no he tenido nunca otro ideal ni ningún otro propósito que la realización de ese programa, que seguramente no estaba reservado para ser realizado por mí.

Por otra parte, no seré yo jamás el que quede por falta de patriotismo, haciendo fuera del país un papel ridículo que no cuadra a mi carácter ni a mi nombre, como desgraciadamente lo han hecho otros Presidentes; preferiría primero hacer un papel honroso en una cárcel de mi patria antes que servir de escarnio y de mofa al extranjero que tanto nos ha humillado.

Para el efecto, a mi regreso, le enviaré por telégrafo mi llegada a La Guaira, a fin de que usted haga que venga el doctor Baptista o cualquier otro de su confianza para que vea y reciba la manifestación antes dicha, que supongo usted hará publicar y transmitir a los estados, pues yo pienso permanecer en Macuto, algunos días haciendo la convalecencia para de allí seguir directamente, por Puerto Cabello, a Manara, a Maracay y a La Victoria, a ocuparme de mis negocios y adonde podría seguir directamente a mi llegada, si usted así lo estima inconveniente.

Esta carta es también para el señor doctor Baptista, el que creo lo secunda a usted en todo, y para quien tampoco tengo reservas de ninguna especie. Su atto.

Cipriano Castro" 

Fuentes:

(1) Francisco Salazar Martínez. Tiempo de compadres.
(2) Miguel Azpurua. 
El Último General. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario