lunes, 22 de diciembre de 2025

"VAMOS A ECHAR UN POLVO" y "SER DE MALA LECHE"




Existen palabras, frases y expresiones que un día fueron correctas y luego han pasado al lenguaje soez, vulgar y hasta grosero. Dos de ellas son las que encabezan esta nota. 

Si en el siglo XVIII algún señor hubiera dicho a otro: “vamos a echar un polvo” “vamos a tomar un polvo” o algo por el estilo no hubiera causado ninguna sorpresa ni escandalizado a nadie. Se refería al rapé o tabaco en polvo, que utilizaban los nobles de la época. De la misma manera se debería entender la frase refiriéndose al acto de empolvar la peluca. 

La acepción malsonante se debe a la Biblia y a la Liturgia católica. En la primera se lee. Génesis, cap. 3 v. 19; “con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que tornes al suelo, pues de él fuiste tomado ya que eres polvo y tornaras al polvo.” En la liturgia del Miércoles de ceniza el sacerdote pronunciaba las palabras: “recuerda hombre que eres polvo y al polvo has de volver”. 

En una traducción popular basada en el texto bíblico ya citado y en el anterior en el que se dice que Dios hizo al hombre del barro, es decir del polvo humedecido, se dijo “que del polvo vienes y al polvo has de volver”. Teniendo en cuenta que el origen del hombre se encuentra en el coito, se identificó éste con el polvo bíblico y litúrgico, con lo que la palabra tomó un sentido grosero que no tenía en un principio. En la actualidad se puede mal interpretar  también  o confundir  con los consumidores de cocaína. 

En cuanto a la otra frase hay que recordar que una creencia muy antigua atribuía gran importancia a la leche que se mamaba por primera vez en la niñez. Se recomendaba, como se recomienda ahora, la lactancia materna: pero en el caso en que esta no era posible se creía que la leche mamada de ubres mercenarias influía en el carácter del niño. Así, por ejemplo, si la nodriza era iracunda lo seria también el lactante, si era avara, avaro seria él , etc. 

San Agustín creía en ello y recomendaba que se empleen nodrizas cristianas para que el niño no se vea corrompido por leche pagana y en la edad media, y muy especialmente en España se recelaba de las nodrizas no cristianas, judías o musulmanas, por creer que “tenían mala leche” y el niño sufriría toda su vida la influencia de la leche mamada. 

En América se asimilo esta costumbre y las esclavas encargadas de amamantar los críos de sus amos primero eran bautizadas para poder dar de mamar. 

“Ser de mala leche” significaba, no haber sido alimentado por la madre o por una nodriza cristiana y por lo tanto no era confiable. La interpretación entonces, de estas dos acepciones como soez y vulgar es falsa y absurda a todas luces, y son producto de malas interpretaciones del sentido de la palabra.

En Venezuela tenemos el caso muy conocido de la Negra Hipólita quien fuera nodriza de Simón Bolívar. Cuando este nació (1783), su madre se vio en la necesidad, por quebrantos de salud, de buscarle una aya. Recurrió primero a su amiga Inés Mancebo de Miyares y luego hizo llamar a Hipólita, esclava de la hacienda El Ingenio, en San Mateo, propiedad de la familia. 

Este hecho fue recordado por Bolívar en diversas oportunidades, mostrando en cartas y gestos el cariño que siempre sintió por Hipólita, a quien llegó a considerar como su madre e incluso como su padre, Bolívar escribe a su hermana María Antonia desde el Cuzco, el 10 de julio de 1825 diciéndole:   
“te mando una carta de mi madre Hipólita, para que le des todo lo que ella quiere, para que hagas por ella como si fuera tu madre, su leche ha alimentado mi vida y no he conocido otro padre que ella” pues hizo las veces de ambos. 

Entonces se podría decir que con su leche y amor Hipólita influyo en los deseos libertarios de América de nuestro Libertador, en este caso podríamos decir que el acto de amamantamiento de Bolívar por una esclava fue de buena leche para América y afortunadamente de mala leche para el Imperio español.

Fuentes consultadas: Carlos Fisas, Historias de la Historia.

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