lunes, 22 de diciembre de 2025

Él Murió de Soledad




Al cumplirse un año más de la muerte del Libertador Simón Bolívar, recuerdo que durante mi infancia mientras estudiaba quinto grado de educación primaria, el maestro me mandó a realizar una tarea en donde explicara con mis propias palabras, el hecho ocurrido el 17 de diciembre de 1.830 en Santa Marta, Colombia.

En esa actividad describí lo que había aprendido de la clase que impartió el maestro ese día, agregándole otros detalles leídos en los textos escolares,y en lo que recordaba de los periódicos que solía leer con mi padre, además de lo visto en Televisión en los programas relacionados con el padre de la patria.

 Estaba muy orgulloso de mi mismo por el esfuerzo que realice buscando toda esa información y ordenarla de tal manera que se entendiera lo que sentía en relación a ese suceso.

Todo estaba bien a mi parecer, solo que omití por error, y no por desconocimiento un dato importante el cual fue motivo de reclamo por parte de mi maestro. El dato que me faltó colocar fue la causa de su muerte. Al momento de entregarme la tarea el maestro me preguntó: ¿De qué murió Bolívar? yo sin pensarlo dos veces le respondí con convicción: Murió de Soledad! 

Al momento veo que el Maestro se echa a reír, y me pregunta que de donde había sacado yo esa información, que esa no era la respuesta correcta, que si yo había prestado atención a su clase, que él ahí dijo la causa del deceso del Libertador.

Yo un poco confundido le explique que la tarea pedía claramente que la realizara con mis propias palabras, y a pesar de mi argumentación el Maestro no estuvo de acuerdo ya que la soledad de acuerdo a su criterio no era una enfermedad que produjera la muerte.

Yo seguí defendiendo mi tarea planteando que el fallecimiento del Libertador estaba basado primeramente en la muerte de su espíritu, debido a tanto desengaño, tanta traición, a las conspiraciones que sufrió, al asesinato de Sucre, a la hipocresía que se tejió a su alrededor. 

Que un hombre que se había batido en batalla tantas veces, y tantos años arriesgando la vida, que pasó tantas penurias durante toda la campaña de la independencia, que había sufrido atentados contra su vida, y enfermado de gravedad en muchas ocasiones. 

Mismo que incluso en una oportunidad mientras padecía una de esas enfermedades casi moribundo, un general ante la premura de su estado de salud y la proximidad de una batalla le pregunta al libertador ¿que pensaba hacer? y Bolívar desde su lecho de enfermo le contesta: Triunfar, triunfar, triunfar.   

Poseía una grandeza de espíritu, que sólo el ataque a lo más preciado que él tenía que era su honor, podía minar su salud hasta llevarlo a la muerte. 

El maestro me escuchaba atento y seguía sonriendo, pero ya de una manera diferente veía en sus ojos un poco de sorpresa y complacido ante todos mis planteamientos, y ya finalizando le cité parte del último párrafo del testamento de Simón Bolívar :

¨Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro¨ le enfatice que solo un alma enferma, un espíritu abatido, más que un cuerpo cansado de tantas batallas puede manifestar tanto dolor y resignación de cara a la muerte, de alguna manera el maestro se sintió conforme y me felicito, no sin antes sugerirme que le agregara a la tarea que el Libertador sufría de pulmonía, enfermedad ésta que empeoró su ya complicada salud, pero que todo en su conjunto conspiró para acabar con la vida física, del Padre Libertador de seis naciones. 

Bolívar no era inmortal de cuerpo, pero si de alma y espíritu.

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