lunes, 22 de diciembre de 2025

VENEZOLANOS DE PASO de Francisco Herrera Luque




El presente relato está escrito en formato para radio y aparece en un capitulo del libro, "La Historia Fabulada" del escritor venezolano Francisco Herrera Luque.

AUTOR: Uno de los mayores problemas que padece no sólo Venezuela, sino la totalidad de los países latinoamericanos, es la ausencia total de identidad de su clase dirigente, blanca por lo general, con el resto de la población, mestiza en su mayor parte. Esta vergonzosa anécdota de Laureano Vallenilla Lanz, Ministro o Embajador de Venezuela ante el Gobierno francés vale más que un tratado. Encontrándose en una aristocrática residencia, una dama francesa sorprendida por el aspecto español de nuestro gran escritor y torcido político, le espetó a quemarropa:
 
La Dama: ¿Venezolano? Pero si parecéis francés o español. Yo pensaba que todos eran indios o negros.

AUTOR: Y nuestro embajador, célebre además por su agilidad mental, compelido por el referido complejo, antes de responderle a la impertinente con alguna frase propia de su talento, apenas dijo cruel y descarnado para con su pueblo.

Vallenilla Lanz: No olvide; señora, que en América hubo conquistadores y conquistados.

AUTOR: ¿Cuántas veces a lo largo de la vida me he encontrado con venezolanos, diplomáticos o no, que se embelesan y regodean cuando topan con la indiscreta dama de Vallenilla?
Voz: (Engolada de godo) Es que mis abuelos por parte de padre son alemanes, mi abuelo materno es francés y mi abuela, aunque es de apellido González, es nieta de españoles…Prácticamente se puede decir que no tengo ni gota de criollo…

NARRADOR: ¿Merece ser venezolano y en especial diplomático de alto rango quien tácitamente se enorgullece de no tener arraigos patrios?

AUTOR: Hay una vieja cacatúa descendiente de Guzmán (Blanco), hija y nieta de venezolanos, nacida y criada en el país, que valida de su amistad con un viejo Embajador utiliza pasaporte de una nación europea cuando viaja al exterior.

Voz de vieja: Es que me da pena decir que soy venezolana. Son tan vulgares nuestros compatriotas.
AUTOR: Al igual que la tonta del cuento estoy cansado de ver cómo hijos de europeos, llegados al país en sus primeros años, y de nacionalidad venezolana, aferrándose a la discutible ventaja de la doble nacionalidad, son alemanes, noruegos u holandeses apenas salen de Venezuela. ¿No es significativa esta persistencia de dualidad de una actitud escapista hacia el país de sus padres? Quien se avergüenza de ser venezolano debe ser segregado rabiosamente del rebaño. La patria es la infancia. Si aquel que pasó su niñez en Venezuela y dice no tener la nacionalidad venezolana, aún deja la puerta abierta para reencontrarse con su ancestro, está robusteciendo la ausencia de identidad de nuestra clase dirigente con su pueblo. Si ya exceden los cinco millones (un tercio de la población) los extranjeros e hijos de extranjeros seria cosa grave para nuestra dinámica social y para nuestro futuro que tan elevado número de venezolanos lo sean por apariencia, pues no es lo mismo tener una patria de arraigo que una patria de paso. Si una clase dirigente no se identifica con la base mayoritaria de la población se convierte en un apéndice de vetustos imperios que para nada se diferencia de los ingleses de la india o de los belgas en África.

NARRADOR: La historia es larga y compleja. Cuando en 1923 vino a Venezuela un primo del rey de España, la alta sociedad caraqueña le declaró al Borbón en forma impúdica el amor que sintieron sus antepasados por la causa española y como fueron sacrificados por Bolívar y Arismendi en La Guaira y en Caracas. Muchos venezolanos de la clase dirigente han padecido de crónicas añoranza por el Viejo Mundo, cifrando sus máximas esperanzas en hacerse de unos reales para vivir en Paris, como cínicamente lo anunció Antonio Guzmán Blanco, caudillo revolucionario y Gran Dictador de Venezuela. ¿Cómo transcurrieron los últimos años de Antonio Guzmán Blanco? En Paris, rodeado del fasto que le permitía la inmensa fortuna robada al erario público. Casó a sus hijos con miembros de la nobleza francesa y pidió ser enterrado en Paris donde reposa desde 1899.

AUTOR: Guzmán Blanco fue un gran farsante, al igual que su padre Antonio Leocadio Guzmán. Todo su ideario revolucionario se vino abajo apenas le sonrió la fortuna y a diferencia de lo que preconizaba Cesar prefirió ser el último en los círculos de la nobleza francesa que el primero en este país hermosamente desolado.

Tomado del libro: La Historia Fabulada de Francisco Herrera Luque. Pomaire (1981)  

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